martes, 12 de mayo de 2020

La zorra y el leñador

Buenos días a todos y sed bienvenidos a Gàbia de Grills. Un lugar donde damos un relato más bien diferente de todo lo que pasa. Yo soy Jose y hoy  os traigo otra fábula de nuestro amigo Esopo.
En esta ocasión os traigo la fábula de la zorra y el leñador.
Era un día cualquiera de esos que los cazadores aprovechan para salir a cazar, a veces cazan conejos, a veces perdices, a veces jabalíes, y a veces, con tal de hacerle un favor a los granjeros que tienen gallinas, conejos y demás, salen a cazar zorras.
Y ahí andaban, que localizaron a una zorra y la persiguieron, la persiguieron montaña arriba y montaña abajo, tras una ladera y tras otra y la zorra no paraba de huir porque sabía que la vida le iba en ello.
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Tal y como huía la zorra, a lo lejos, vislumbró una casa, la casa de un leñador y se acercó a la casa con la intención de esconderse. Cuando estaba llegando vio al leñador y le imploró ayuda para refugiarse, a lo que el cazador le dijo que se metiera dentro de la casa, que ahí los cazadores no entrarían.
Y así lo hizo la zorra, se escondió dentro de la casa y agazapada observó toda la escena.
Cuando ya estaba dentro, vio como llegaban los cazadores y le preguntaron al leñador si había visto una zorra huyendo, a lo que el leñador, a viva voz, les dijo que no, pero por otra parte, con las manos señalaba la casa, haciéndoles entender que la zorra se encontraba dentro de la casa.
Los cazadores, extrañados, no entendieron lo que el leñador lo que estaba diciendo, por lo que tomaron como referencia aquello que habían entendido perfectamente, lo que había dicho, que había sido no, por lo que los cazadores siguieron su camino buscando a la zorra.
Tras haberse marchado los cazadores, la zorra intentó salir silenciosamente de la casa sin decir nada y el leñador, al sorprenderle, le recriminó que se estuviera marchando sin siquiera dar las gracias.
A lo que viéndose sorprendida pero no acobardada le dijo al leñador: Te hubiese dado las gracias si tu boca y tus manos hubiesen dicho lo mismo.
La moraleja de esta historia es que uno no tiene que negar con sus actos, aquello que pregona con sus palabras.
Sin más me despido de todos vosotros hasta la próxima entrada y si os gusta lo que leéis, por favor, suscribíos, compartid y difundid por vuestras redes sociales. ¡¡Hasta luego!!

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