jueves, 19 de diciembre de 2019

El águila y la zorra


Buenos días a todos y sed bienvenidos a Gàbia de Grills. Un lugar donde damos un relato más bien diferente de todo lo que pasa. Yo soy Jose y hoy os traigo otra fabula.
Cuenta la historia que eran una zorra y un águila que eran muy, pero que muy amigas y en base a su gran amistad decidieron vivir sino juntas, si como vecinas.
Claro está que la zorra no podía vivir en los árboles y el águila no puede vivir en el suelo así que el águila decidió instalarse en lo alto de un gran árbol y la zorra a los pies del mismo gran árbol, junto a una zarza que había crecido a la sombra del gran árbol.
En sus avatares diarios, la zorra, como cualquier otro día, salió a buscar comida tanto para ella como para sus crías, lo que no podía imaginar era lo que estaba a punto de suceder, desde lo alto, tanto el águila como sus aguiluchos tenían hambre y el águila divisó a las crías de la zorra entre las zarzas, rauda se lanzó al vacío y con sus poderosas garras las atrapó, levantó el vuelo hasta su nido donde ella y sus aguiluchos disfrutaron de un gran banquete.


aguila-zorra

Al volver la zorra, se encontró con que sus crías habían desaparecido y había restos de sangre entre la zarza, divisó a lo alto los restos del festín del águila y sus aguiluchos y rápidamente averiguó que eran sus crías quienes habían sido la comida de su vecina y sus crías.
No se sabe que le dolió más a la zorra, si la perdida de sus crías o la imposibilidad de vengarse de su antes amiga, el águila. Pero claro, pensaba la zorra, ¿Cómo yo sin poder volar, puedo perseguir al águila? Y ante este pensamiento tuvo que conformarse con solamente maldecir a su nueva enemiga desde lo lejos, usual consuelo de los débiles e impotentes.
Y no llegando a pasar más de una o de dos lunas, le llegó su merecido al águila.
Era tiempo de matanza y en un campo cercano había unos pastores que estaban sacrificando a una cabra, en un descuido de estos, se lanzó el águila sobre la cabra arrancándole alguna víscera, que por casualidades del destino tenía una brasa caliente pegada, y la llevó a su nido sin darse cuenta de la brasa.
Sopló el viento que avivó el fuego de la brasa, la cual prendió y se prendió la paja del nido del águila, estando dentro todavía sus aguiluchos sin posibilidad de escapar ya que todavía no sabían volar.
Estos, ante la posibilidad de morir quemados se dejaron caer al vacío, lo que no suponían era que la zorra, avispada e inteligente, presenciaba toda la escena y los veía caer. Al caer estos, la zorra rápidamente los atrapó y los devoró ante  los ojos atónitos de tu enemiga, otrora amiga.
Por eso mis queridos amigos, nunca traicionéis a una amistad verdadera y sincera, porque el castigo no te llegará por parte de esa amistad traicionada, sino del mismo destino.
Sin más me despido de todos vosotros hasta la próxima entrada y si os gusta lo que leéis, por favor, suscribíos, compartid y difundid por vuestras redes sociales. ¡¡Hasta luego!!




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