jueves, 27 de febrero de 2020

Las zorras a orillas del río Meandro


Buenos días a todos y sed bienvenidos a Gàbia de Grills. Un lugar donde damos un relato más bien diferente de todo lo que pasa. Yo soy Jose y hoy  vuelvo a traer otra fábula.
En esta ocasión se trata de las zorras a la orilla del río Meandro. Espero que os guste.
Relata el cuento que un día de verano, de esos que cae un sol de justicia que seca todo lo que toca, habían unas cuantas zorras, las cuales tenían mucha sed y para intentar calmarla fueron a la orilla del río Meandro con la intención de beber agua.
Poco se imaginaban nuestras amigas que ese día las aguas del río bajaban caudalosas y turbulentas, se ve que en días anteriores había llovido abundantemente río arriba y claro, el agua tiende a bajar, a veces de forma tranquila y sosegada, a veces de forma turbulenta y torrencial.

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Claro, nuestras amigas al comprobar cómo estaba el estado de la orilla del río, no se atrevían a acercarse no fuera caso que les llevase la corriente que era realmente fuerte. Y entre ellas se burlaban y se hacían desprecios a ver cuál de todas ellas se atrevía a meterse en el río con la intención de calmar la sed. Pero claro y como dice el refrán, el miedo guarda la viña y ahí estaban ellas, mátame que te mataré pero ninguna se metía en el río por miedo a ser arrastrada.
A todo esto y habiendo pasado ya un buen rato, una de ellas, se supone la cabecilla de la manada, oteo a su alrededor y viendo que ninguna de sus compañeras se atrevía, las tildó de cobardes y se ensalzó ella misma como la más valiente de todas. Con todo esto, se arrogó un coraje que no había tenido hasta ese momento y saltó al interior del agua con la intención de beber.
Pero claro, y esto suele pasar, cuando el agua baja con fuerza no te pongas en su camino, porque tiene mucha más fuerza de la que imaginas y como es normal, arrastró a nuestra amiga rio abajo.
Las demás zorras, las que se habían quedado en la orilla, viendo la escena desde la orilla le gritaban: “¡No nos dejes compañera, vuelve y dinos cómo podemos beber agua sin peligro!”
Y oyendo esto, nuestra amiga que estaba siendo arrastrada por la corriente en contra de su voluntad, sin posibilidad ninguna de escapar y tratando de ocultar que le iba la vida en ello les espetó: “Ahora llevo un mensaje para Mileto; cuando vuelva les contaré cómo pueden hacerlo”.
Y hasta aquí la fábula mis queridos amigos, a todo esto solo se puede decir que el que es fanfarrón es fanfarrón hasta el final y por lo general, en virtud a su fanfarronería viven la vida y las ocasiones un poco al límite, ya que claro, tienen que ser los “más mejor” en todo y claro eso les lleva a correr riesgos que suelen ponerlos en peligro.
Sin más me despido de todos vosotros hasta la próxima entrada y si os gusta lo que leéis, por favor, suscribíos, compartid y difundid por vuestras redes sociales. ¡¡Hasta luego!!

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2 comentarios:

  1. Y que sería esta vida sin los fanfarrones

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    Respuestas
    1. Un mundo más sano, eso te lo aseguro. Aunque no sería tan divertido, eso también te lo puedo asegurar.

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